domingo, 2 de mayo de 2010

Luna llena sobre el mar


No recuerdo haber visto nunca antes la luna saliendo sobre el mar.
Anoche sabía que habría luna llena (la noche anterior la había visto a través de la ventana de la cocina). Fui a la playa de noche, con Euclides, mi perro marino. Estuvimos los dos sentados sobre la arena fría durante casi dos horas; yo miraba el cielo, las estrellas y el horizonte; atenta a cualquier resplandor en el cielo. Euclides esperaba a mi lado.
Vi cómo se movía la Tierra; cómo las estrellas bajaban y se ocultaban detrás de la línea del horizonte. Tomé conciencia de la velocidad vertiginosa a la que nos estábamos moviendo.
Finalmente, el mar se puso negro y sobre el horizonte, justo enfrente mío, apareció primero un ligero resplandor, y luego una raya anaranjada, una uña, un pétalo de margarita. Parecía una flecha que señalaba el mar; del mismo color que el fuego de una estufa. Me agradecí a mí misma por haber esperado; la luna naranja se reflejó en el mar negro y en la arena mojada. Euclides comenzó a llorar.

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