viernes, 14 de mayo de 2010

Departamento en París, departamento en Londres

Ya tengo el lugar donde alojarme en París y en Londres.

En París alquilé un departamento en Montmartre, a pasos del Sacre Coeur y de Pigalle, el distrito rojo parisino ¡Oh la lá! Tiene una ventana enorme por donde entra el sol y la sombra de un árbol. Me encanta.

En Londres alquilé un buhardilla en Notting Hill; está en el último piso de una típica casa londdinense; es minúscula, con tres ventanas en el techo y un pequeño balcony. Veremos... espero no sentir claustrofobia.

Para ver el departamento en París:
http://www.apartmentparis.fr/location/montmartre-moulin-rouge/49.html

Para ver el departamento en Londres:
http://www.nyhabitat.com/london-apartment/vacation/498

miércoles, 5 de mayo de 2010

¡Ya tengo el pasaje a París!

Como los martes nunca te embarques, salgo el miércoles 1 de septiembre, en un vuelo de Iberia que sale al mediodía y, previo paso por Madrid, me deposita en París el jueves a las nueve de la mañana, justo a tiempo para tomarme un café.
De regreso, salgo el sábado 26 de septiembre a la tarde y llego a Buenos Aires a la mañana.
El pasaje lo saqué en Asatej, y me costó 1541 dólares; una bicoca.

Datos del vuelo:
Ida
sale 01 de sep/Bue/12.50/vuelo: 6842N
llega 02 de sep/Madrid/5.45

sale 02 de sep/Madrid/7.20/vuelo:3402N
llega 02 de esp/París/9.15

Vuelta
sale 25 de sep/París/19.20/vuelo:3445N
llega 25 de sep/Madrid/21.15

sale 26 de sep/Madrid/00.45/vuelo:6843
llaega 26 de esp/Bue/8.00

domingo, 2 de mayo de 2010

Cambio de planes


Primero voy a París y luego a Londres. En París estoy diez días y en Londres, lo otros diez; allí, después de cuarenta y cinco días de separación, nos encontramos con Carlos y pasamos cuatro días juntos en plan romántico-glamoroso-cool.
El pasaje a París que había pensado sacar no existe más. Habrá que conseguir algún otro.

Luna llena sobre el mar


No recuerdo haber visto nunca antes la luna saliendo sobre el mar.
Anoche sabía que habría luna llena (la noche anterior la había visto a través de la ventana de la cocina). Fui a la playa de noche, con Euclides, mi perro marino. Estuvimos los dos sentados sobre la arena fría durante casi dos horas; yo miraba el cielo, las estrellas y el horizonte; atenta a cualquier resplandor en el cielo. Euclides esperaba a mi lado.
Vi cómo se movía la Tierra; cómo las estrellas bajaban y se ocultaban detrás de la línea del horizonte. Tomé conciencia de la velocidad vertiginosa a la que nos estábamos moviendo.
Finalmente, el mar se puso negro y sobre el horizonte, justo enfrente mío, apareció primero un ligero resplandor, y luego una raya anaranjada, una uña, un pétalo de margarita. Parecía una flecha que señalaba el mar; del mismo color que el fuego de una estufa. Me agradecí a mí misma por haber esperado; la luna naranja se reflejó en el mar negro y en la arena mojada. Euclides comenzó a llorar.